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Camuñas

Camuñas

¡El monstruo que nunca se corta las uñas!
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—¡Vaya, el Brujo Pirujo!
—No soy Pirujo. Soy Camuñas,
¡el que nunca se corta las uñas!
–respondió el brujo, indignado.
—No me tomes el pelo. ¡Eres Pirujo!
—Que no. ¡Soy Camuñas!

Aunque resulte sorprendente, estamos ante el inicio de una gran amistad: entre un brujo que caza niños para su despensa y la que iba a ser su próxima víctima. Sin embargo, la inteligencia de la pequeña Blanca evitará que Camuñas la engulla. Además, propiciará que la vida de este personaje que nunca se cortaba las uñas, dé un giro de 360 grados.

Blanca es astuta como un zorro y lista como un búho. Camuñas, carente de estas dos cualidades, es presa fácil para el juego de confusión que inicia la niña cuando, una noche, el brujo entra en su cuarto para zampársela.

Blanca insistió, con paciencia:
—No pongas cara de lelo y mírate el pelo.
El brujo se quitó el sombrero y, casi llorando, dijo:
—¿Qué le pasa a mi melena?
—¿Qué melena?
Pero si son cuatro pelos…
¡Los pelos del Brujo Pirujo!

Ridiculizando algunas de sus características físicas, a las que Camuñas nunca antes había prestado atención, Blanca logra que el brujo dude de su identidad –e incluso de que pueda comérsela– y acabe huyendo a su casa, desencajado y hundido.

Seguro que habéis oido hablar del Tío Camuñas. La figura original del Tío Camulas (o Francisquete) corresponde a un famoso guerrillero en la Guerra de la Independencia Española, que apenas con un puñado de hombres plantó cara fieramente contra los franceses, naciendo así la famosa frase «¡Que viene el tío Camuñas!». El personaje quedó incorporado tras su muerte dentro de la cultura popular de varios lugares de España, especialmente Castilla y Extremadura, como un personaje fiero y desaliñado, que asustaba a los niños.

Camuñas era un brujo normal y corriente, que hacía las típicas cosas de brujos. Una de esas noches ve a Blanca por la ventana. La niña está mirando la luna. Esa será su próxima presa. Pero cuando alcanza su cama ¡zas, se tira un pedo! Y, claro, la niña se despierta.

Camuñas no puede creerse que la niña no le tenga miedo y que encima dude de su identidad. Pero la niña insiste. Es más, le hace reflexionar sobre su nariz (grande como una berenjena), sobre sus dientes (pocos y podridos), sobre sus ojos (saltones y rojos), sobre su pelo (cuatro pelos, los pelos del Brujo Pirujo)…

Camuñas trata de reponerse. Pero Blanca le para en seco: No puedes comer niños. Te saldrán granos hasta en el ombligo. Eres el Brujo Pirujo, no seas pesado ¡y vete a dormir! 

Comprobando que es cierto, nuestro Camuñas, ya cada vez más convencido de que es un petardo de brujo que no recuerda ni su nombre, sale corriendo a su casa. Y al llegar allí, va derecho al desván. Necesita salir de dudas mirándose al espejo.

Un libro que nos hace reflexionar sobre el auto-engaño, sobre negar la evidencia hasta el punto de no reconocernos y, sin duda, nos hace valorar la valentía, astucia y saber hacer de la niña.

Una lectura muy divertida, que nos hace reflexionar sobre temas muy profundos sin alejarnos por ello del humor y la diversión.

Autora: Margarita del Mazo
Ilustradora: Charlotte Pardi
Editorial: OQO Editora
Año publicación: 2012
Páginas: 40